“NIÑA MILAGRO” LLEVO MENSAJE AL PAPA

“NIÑA MILAGRO” LLEVO MENSAJE AL PAPA

Ciudad del Vaticano- La pequeña Ximena Guadalupe Magallón Gálvez, la “niña milagro” acompañada por su madre.    		  FOTO: NOTIMEX/Andrés Beltramo

Ciudad del Vaticano- La pequeña Ximena Guadalupe Magallón Gálvez, la “niña milagro” acompañada por su madre. FOTO: NOTIMEX/Andrés Beltramo

Ciudad del Vaticano- “¡Te amo mucho panchito!”, con esas palabras saludó Ximena Guadalupe Magallón Gálvez al Papa Francisco, la “niña milagro” que permitió acceder al honor de los altares al nuevo santo mexicano José Sánchez del Río (1913-1928).
La pequeña de ocho años, acompañada por su madre Paulina Gálvez Avila, llevó las ofrendas durante la misa de canonización de siete nuevos santos -entre ellos el “niño cristero”- celebrada por el Papa ante más de 80 mil personas en la Plaza de San Pedro.
“Le llevó un niñito Jesús chiquito, lo escogió especialmente para él. Es la mayor bendición que hemos tenido como familia, también para Sahuayo y para todo el mundo, estoy muy agradecida con su santidad por apoyarnos y permitir que esto sea posible”, dijo Gálvez Avila en declaraciones a Notimex.
“Vienen muchas bendiciones, muchas sorpresas. Esperemos bendiciones para nuestro Sahuayo, que esperemos que esté ya más tranquilo y para todo México, porque vienen cosas muy buenas. Era uno de los sueños de Lupis estar con el Papa”, agregó.
Lupis, como le dicen cariñosamente sus familiares, fue la protagonista de una curación inexplicable que fue certificada por el Vaticano como un milagro y que cumplió el requisito exigido por la Iglesia católica para elevar a los altares a un beato.
“¡Yo no creo en los médicos, sólo creo en Dios!” dijo siete años atrás Paulina Gálvez a los doctores que le informaban de la muerte cerebral de su hija de apenas unos meses de vida.
“Mientras los doctores me decían que mi hija tenía un estado vegetal, que no se podía hacer nada, yo no creía en ellos y les contesté que yo creía en Dios, que si ellos no sabían que una hoja no se movía sin la voluntad de Dios”, contó.
Entonces, sólo un acto divino podía salvar a una pequeña imprevistamente afectada de infarto cerebral, meningitis, convulsiones y tuberculosis.
“Cuando la desentubaron para supuestamente traérmela muerta, algunos doctores de Aguascalientes me la trajeron y yo le dije a mi hija que no me iba a despegar, que pasara lo que pasara siempre íbamos a estar juntas. Cuando la desconectaron, la abracé, ella se despertó y empezó a sonreírle a los médicos”, agregó.
A su regreso de Aguascalientes, Paulina Gálvez se comunicó con el padre Patiño y éste le preguntó a quien le había rezado por la niña. Ella respondió indicando a José Sánchez del Río.
Para el momento de la curación, madre e hija llevaban meses desfilando por hospitales y consultando médicos. La bebé nació el 8 de septiembre de 2008 en Estados Unidos, pero un mes después fue llevada a Sahuayo, tierra natal de su familia.
Se trata de la misma ciudad en la cual José Sánchez del Río nació, vivió toda su infancia y fue martirizado el 10 de febrero de 1928, en plena Guerra Cristera (1926-1929).
En Sahuayo Ximena Guadalupe comenzó a tener fiebre y no obstante los tratamientos recetados ella no mejoraba, más bien empeoraba. Entonces fue trasladada a Aguascalientes donde, pese al empeño, no llegó un diagnóstico cierto.
Con el correr de los días la condición de la pequeña empeoró y por eso fue bautizada por el sacerdote Agustín Patiño en el Hospital Santa María de Sahuayo. Los síntomas se sucedieron fulminantes: temperatura, flemas en un pulmón y convulsiones inexplicables.
Ya en terapia intensiva también se multiplicaron los análisis: broncoscopía, radiografía, tomografía. Ante los constantes espasmos los doctores le indujeron el coma y esperaron 72 horas para una prácticamente improbable curación: el 90 por ciento de su cerebro “estaba muerto”.
“Antes de desconectarla, les pedí que me dejaran estar con ella y la abracé, entonces la desconectaron. En ese momento puse a mi bebé en manos de Dios y la intercesión de Joselito. En eso abrió los ojos y sonrió, miró a los doctores y empezó a reírse”, explicó la madre.
“La llevaron para hacerle una tomografía y encefalograma, ese día su cerebro estaba 80 por ciento recuperado. Al día siguiente, tras nuevos estudios, el cerebro apareció completamente normal. Los médicos quedaron sorprendidos pues creían que, si vivía, probablemente no caminaría y no hablaría, debido al infarto cerebral”, abundó.
A su regreso de Aguascalientes, Paulina Gálvez se comunicó con el padre Patiño y este le preguntó a quien le había rezado por la niña. Ella respondió indicando a José Sánchez del Río.
Unos 15 minutos después llegaron a su casa de Sahuayo el propio sacerdote con el vicepostulador de la causa de canonización del niño, Antonio Berumen y en ese momento se llevaron los papeles para iniciar el reconocimiento del milagro ante el Vaticano.
“La canonización del niño Joselito significa que estamos bendecidos en una tierra de mártires. La verdad tener un santo en Michoacán y para nuestro México es lo mejor que nos ha podido pasar en estos momentos difíciles”, ponderó.

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