Historia de “Las Tres Pelonas”; recordando a Isaac Calderón

México- La danza de “Las Tres Pelonas” fue compuesta algunos años antes de que estallara la Revolución y ésta la hiciera suya. La letra es posterior a la música. Isaac Calderón escribió “Las Tres Pelonas” como una ocurrencia inspirada en sus hijas Angela, Leonor y María. Siendo muy niñas, como miles de infantes de aquella época, fueron víctimas de la epidemia de tifus, que asoló a México entre los años de 1892 a 1895, por tal causa fueron peladas al rape y, al verlas, le causaron tanta gracia que compuso en su honor la danza que llamó para sí de “Mis tres peloncitas”.

Ni le pasó entonces -corría el año de 1893- por la cabeza a Isaac Calderón que años después estallaría la Revolución y, “Las Tres Pelonas”, se convertiría en una canción a la que se le pondría letra con sentido revolucionario y pasaría a la historia convirtiéndose, finalmente en su pasaporte hacia la posteridad.

¿Quién fue Isaac Calderón? Nació en Numarán, Michoacán, en 1860. En 1915, a la edad de 55 años, fue fusilado en Salvatierra, Guanajuato, por un grupo de villistas, que ni siquiera sabían quién era aquel hombre, de aspecto frágil, que se negó a que le vendaran los ojos y murió como todo un valiente.

Así suele ocurrir en mitad de las confusiones absurdas de los llamados movimientos revolucionarios que, a la postre, nada revolucionan.

Isaac Calderón, paradojas del destino, fue un compositor que Pancho Villa, y todos los villistas admiraban, pues le estaban agradecidos por haber compuesto “Las Tres Pelonas”, canción que los revolucionarios hicieron suya y cantaban a coro por todas partes:

“Estaban las tres pelonas/ sentadas en una silla/ y una a otra se decían:/ ¡Qué viva Francisco Villa!”.

Es bien sabido que cuando el general Francisco Villa quería oír esta canción, que era su preferida, hacía señas a una de las bandas de su tropa y levantaba tres dedos con su mano en alto, con lo que estaba indicando que a lo largo de tres horas seguidas le tocaran “Las Tres Pelonas”. Cuentan que Villa se divertía como loco escuchando sus notas y coreando la letra.

Jamás de los jamases, Villa, hubiese permitido que fusilaran al autor de aquella su canción preferida. De hecho no supo nunca de lo sucedido en Salvatierra con Isaac Calderón, quien fue un músico de reconocido talento y, aunque michoacano de nacimiento, estudió en Querétaro. Dirigió la banda de la Gendarmería Montada de la Ciudad de México, para la que hizo adaptaciones de La Pastoral y otras composiciones sinfónicas.

Cuando las fuerzas de la Convención tomaron la capital de la República, el general Villa incorporó la banda, que dirigía el maestro Calderón, a sus ejércitos.

En no pocas ocasiones, los músicos, tuvieron que pelear como soldados. Incluso Calderón quién según Rubén M. Campos, “era un hombre de complexión débil, encorvado y envejecido prematuramente” se vio obligado a tomar las armas.

Hugo de Grial escribe al respecto: “No obstante la aparente debilidad de Calderón fue un valiente en la guerra, y trocaba la batuta de su dirección orquesta por el 30-30, con la misma facilidad que componía sus marchas militares y polonesas.

De la percepción y sensibilidad musical de Isaac Calderón, narra don Agustín González, maestro de Querétaro y sabio erudito, lo siguiente:

“En cierta ocasión estrenaba yo en Querétaro la Marcha Haldegunds, de Grieg. Invité a Calderón al estreno de la obra. Por circunstancias que nunca supe se retrasó. Esto lo obligó a quedarse fuera y escuchar la obra desde la puerta. Al terminar acudió a felicitarme. Al comentar la ejecución me hizo una observación que me dejó admirado, pues me hizo ver que, en su concepto, había un hueco que debió ser llenado por cierto instrumento extrañado por Calderón, ciertamente había faltado el timbre, y aunque otro instrumento lo había sustituido, fue señalado por la finísima percepción del maestro”.

En muchas ocasiones, los exquisitos melómanos que entonces había en la Ciudad de México, lo vieron dirigir, en el quiosco de la Glorieta Central de la Alameda, la Sinfonía Pastoral de Beethoven.

Era la música que, a finales del siglo XIX, gustaba escuchar a la gente del pueblo en México, aunque nos parezca hoy algo inconcebible.

En cuanto a gustos musicales si que hemos cambiado con el paso del tiempo, de manera que si el autor de “Las Tres Pelonas”, levantara la cabeza y escuchara lo que hoy suena por ahí volvería a morirse, sin duda más horrorizado que cuando lo fusilaron los soldados villistas en Salvatierra.

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