Brujas de Valles Centrales, leyenda escrita con fuego

Oaxaca (Notimex)- Mientras Lauro apresuraba la marcha del camión maderero que conducía hacia la comunidad próxima, la noche azabache fue invadida por una visión de bolas de fuego que jugueteaban y parecían observar su recorrido: eran las brujas de Valles Centrales.
“Iba de San Pablo Huixtepec a San Pedro El Alto -distrito de Zimatlán, Oaxaca- era media noche y observé cómo de una loma salían bolas de fuego que parecían jugar entre sí, iban y venían en el cielo como si estuvieran vivas. “Yo las observé de lejos y el camino me fue alejando más de ellas hasta que dejé de verlas por completo, pero algunos arrieros me contaron que andando en el camino las lograron ver bien cerquita”, recordó don Lauro Moreno de aquella noche de verano de 1959.
En Miahuatlán, a 100 kilómetros de la capital, las historias son muy similares: grandes bolas de fuego que emergían en medio de la noche y entre la loma, que surcaban el cielo tupido de estrellas sin una ruta cierta a veces, en tanto que otras parecían seguir a los caminantes.
“A nosotros nos siguieron hasta el panteón una vez; salieron del monte y de pronto las vimos que venían adelante de la procesión, nos siguieron hasta allá y ahí desaparecieron”, rememoró doña Lucina Espinosa. “Unos dicen que son las brujas y otros dicen que es el demonio, hay la creencia de que para ahuyentarlos hay que rezar el Padre Nuestro al revés mientras va haciendo una trenza con una hierba que se llama malvarisco, según que así se encerraba al demonio”, añadió.
Aunque de estas dos anécdotas nos separan más de cuatro décadas, las historias sobre las brujas de Valles Centrales persisten hasta nuestros días en aquellas poblaciones y otras más cercanas a la capital del estado. Prueba de ello son las experiencias recientes que cuentan pobladores de San Antonio de la Cal y de Santa Cruz Xoxocotlán, municipios conurbados a la capital.
Ahí, las bolas de fuego no sólo han aparecido en medio de la espesa negrura de la noche, sino también aseguran haber sido “molestados” en sueños por estas mismas brujas, tras un encuentro con ellas en el monte.
Sergio “N”, hoy joven empresario de Xoxocotlán que prefirió omitir su nombre, aseguró que, en su niñez, las famosas brujas le metieron varios sustos. Andando con sus dos primos en inmediaciones del cerro donde se ubican las ruinas prehispánicas de Monte Albán -en Santa Cruz Xoxocotlán-, dijo, las bolas de fuego los echaron a correr en medio de la noche. Aunque creyeron haber quedado a salvo en sus casas, lo cierto es que al día siguiente, los tres aseveraron haber sido “molestados” en sueños por las brujas: “los tres sentimos esa sensación de miedo, de no poder movernos de la cama y de no poder hablar”, afirmó.
Una historia más se suma en San Antonio de la Cal, a cinco kilómetros de la capital, donde los habitantes de la zona afirman haber observado cómo las mismas bolas de fuego de Miahuatlán, Zimatlán y Xoxocotlán, han emergido de entre las depresiones rocosas de la zona. Aunque actualmente la urbanidad ha irrumpido en muchos de los “espacios vitales” de estas brujas, la accidentada orografía del estado y las deficiencias del alumbrado público, continúan alimentando estos espacios de oscuridad en los que muchos aseguran, la leyenda de las brujas se perpetúa.

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